miércoles, 1 de junio de 2011




FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE,
MAESTRO DE TIRANOS



I LA BATALLA DEL SIGLO XX

Ciertamente, el devenir histórico es uno solo, y toda división de este en periodos es sobretodo un recurso didáctico que a su vez enmascara una versión tendenciosa de la realidad. Pero también es cierto que los flujos y reflujos de la Historia van imprimiendo al paisaje humano tonalidades discursivas y texturas políticas que diferencian radicalmente un conjunto de décadas de otro conjunto de décadas.
Aunque la mayoría de los libros de historia que nos hacen leer desde niños se empecinen en señalar otra cosa, la verdad es que la Segunda Guerra Mundial, así como otros hechos capitales para la historia del planeta, comenzó en España. Pero no aquella mañana de mediados de julio de 1936 en que un grupo de generales se sublevaron contra un gobierno constitucional que llevaba apenas cinco meses en el poder, sino a partir de los días y semanas siguientes, cuando las organizaciones de base exigieron y -lo fundamental- consiguieron armas para oponerse al golpe, dando así inicio a la conflagración que comenzaría a delinear nuestro tiempo.
Pero, volviendo a lo planteado en las líneas que encabezan estas digresiones, ¿cuándo comenzó nuestro tiempo? Ante esta pregunta se viene de cajón la pregunta previa ¿qué define a nuestro tiempo? A mi parecer son dos los rasgos que predominan en Occidente (y más allá) desde hace ya un cuarto de siglo: Un capitalismo ya no sólo triunfal sino descarado y avasallador, y una fragmentación hasta la atomización de toda clase de reivindicaciones, reclamos y cacareos. Cuadro muy distinto de lo que sucedía hace medio siglo, cuando la amplitud y disciplina de las organizaciones de base, el alto grado de conciencia política de buena parte del proletariado, la gran cantidad de leyes sociales conseguidas tras un siglo de marchas y huelgas, mezclados a una religiosa creencia en un final feliz y en un cinematográfico triunfo de los buenos (o ,cuando menos, de la mayoría), daban para vaticinar que las izquierdas ganarían por fin la cruel y agotadora batalla del siglo XX. Pero no fue así, y a continuación de ese tiempo de esperanzas fundadas en la acción, vino este tiempo, nuestro tiempo.
Si el umbral entre ambas épocas estuvo en los años setenta, cuando coexistieron la fe tozuda de unos con la despiadada reacción de otros, resultaría erróneo buscar el principio del fin de la era de la esperanza por esos mismos días, ya que todo elemento o fenómeno que habita el universo incuba en su seno la semilla de su propia destrucción. Entonces, hay que retroceder a esos casi tres años comprendidos entre julio del 36 y marzo del 39, cuando en los campos, pueblos y ciudades de España, esa península europea que no por casualidad apunta hacia América, convergieron -como convergen todas las bestias en un pantano aún húmedo al inicio de una gran sequía- las facetas que la condición humana podía mostrar en ese estadio del tiempo: El heroísmo autodestructivo, la ingenua fe en las instituciones, el frío y certero cálculo, la venganza, la locura, y todos los monstruos que dormían en el ático, y que la guerra, ese desmoronamiento de todos los pactos, soltó de nuevo en las calles, como se suelta una manada de toros desbocados en una fiesta desquiciada.
A no engañarse. No fue el triunfo de la extrema derecha lo que inauguró una nueva era. Comprobado está que de cada cien golpes de estado, en noventaynueve de estos las fuerzas armadas toman partido del lado de los que detentan el poder económico, obviamente. Lo que aconteció, o comenzó a cobrar forma cuando los últimos refugiados huían cruzando los Pirineos o embarcándose con lo puesto hacia América, fue un cambio de paradigma, vale decir un cuerpo de ideas nuevo surgía, el que comenzó a cobrar fuerza primero en los triunfadores, al ser pulido y optimizado en relación con la cambiante realidad que no paró de hervir durante las tres décadas siguientes. Y ese proceso de alquimia tuvo en el general Francisco Franco Bahamonde un eficaz artífice o, si se prefiere, un guía inteligente, admitámoslo.




II "¡VIVA LA MUERTE!"

La escuela de Franco fue desde un principio la guerra, cuando España, después de dos siglos de derrotas ante ingleses y franceses, buscaba resarcirse consolidando su dominio sobre una porción de esa misma África ya repartida mayoritariamente entre aquellas dos potencias imperialistas. Pero la Guerra del Rif, en lo que hoy es parte de Marruecos, se estaba transformando en una pesadilla para España (parecido a lo que fue Vietnam después para los norteamericanos), absolutamente impopular, sin visos de terminar nunca, hasta que por allá apareció Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, un muchacho gallego hijo de un militar parrandero y de una madre piadosa, y fue ahí en donde, además del título de Gentilhombre que le otorgó el Rey Alfonso XIII en 1922, se transformó, con treintaytrés años de edad, en el general más joven de Europa, por indiscutibles méritos de guerra en 1926. Su aura de guerrero victorioso y su ascendiente sobre la tropa serían elementos clave en el futuro del joven general. Él mismo diría "Sin África, yo apenas puedo explicarme a mí mismo".
Fue allá también en donde conoció de cerca a José Millán-Astray, fundador del Tercio de Extranjeros (Legión Extranjera en versión española) en 1920. La alocución de Millán-Astray recibiendo a los primeros voluntarios del Tercio no se iba por las ramas: "Os habéis levantado de entre los muertos, porque no olvidéis que vosotros ya estabais muertos, que vuestras vidas estaban terminadas. Habéis venido aquí a vivir una nueva vida por la cual tenéis que pagar con la muerte, habéis venido a morir."
Millán-Astray fue destituido a poco andar debido a sus excesos. Mutilado por todos lados tras mil batallas, pocos rastros de humanidad le restaban. Ya no era un hombre, era un concepto viviente que contribuyó decididamente en la actitud de los "Africanistas" y su desequilibrante labor en lo por venir.
Desde Marruecos Franco no sólo traería condecoraciones, títulos, grados, prestigio y contactos. Aunque en su equipaje parecía no pesar, en su alma ya despuntaban tanto la convicción de que la acción vale más que cualquier otro argumento, y también la sospecha de que quizás él, Franquito -quien por esos días acababa de casarse con Carmen Polo- sería el elegido para restablecer el orden sagrado.

III ESTO NO ES UN HOMENAJE

Como la mayoría de los golpes de estado, el de España comenzó a ser fraguado apenas se supo el resultado de la votación popular. Traicionar los legítimos poderes requiere de exhaustiva planificación, cientos de reuniones secretas, hipocresía plena, caradurismo total, las consabidas campañas del terror de que tanto gustan las organizaciones de derechas, y también un sostenido proceso de desestabilización para crear cierta atmósfera de caos que, al menos ante los menos lúcidos, justifique en algún grado la sedición. A todo esto fue invitado Franco ni bien se supo que Manuel Azaña sería el próximo presidente. Y es en ese momento cuando aparece una característica de este joven general que seguramente nadie había advertido hasta ahí: Franco era inmensamente astuto. Ya relegado en Canarias tras ser descubierta su cercanía con algunos golpistas, sus respuestas a los generales Emilio Mola y José Sanjurjo, verdaderos "padres" del golpe del 36, son una antología a la ambigüedad y la indefinición. Mola y Sanjurjo, exasperados, llegaron a bautizarlo con el mote de "Miss Canarias". Un resignado Sanjurjo tuvo que anunciar: "El golpe va, con Franquito o sin Franquito".
El estudiar minuciosamente las posibilidades para tener certeza de hacia dónde soplarán los vientos políticos, y así poder sumarse al bando que triunfará, fue una de las principales características de Franco. También lo fue el saber evaluar la realidad y no dejarse llevar jamás por entusiasmos delirantes. Cuando por fin decidió sumarse al golpe, y ante los precipitados brindis de rápido triunfo con que celebraban de antemano los artífices del levantamiento, Franco advirtió "Va a ser enormemente difícil y muy sangriento". A pesar de sus dudas, el sólo hecho de tener al héroe de África entre los rebeldes implicó la adhesión de un alto número de indecisos.
Para aniquilar la II República no bastaba con un puñado de generales ávidos de poder, y a la hora de sumar apoyos Franco demostró contar con otra habilidad necesaria a la hora de trepar, esta es la capacidad de convocar y utilizar a diversos sectores sociales, y también saber desprenderse de estos desechándolos en el momento justo. La prensa vasalla de la oligarquía ciertamente había hecho lo suyo alimentando la paranoia con titulares cada vez más catastróficos, pero era necesario no sólo contar con la aquiescencia de las clases conservadoras, urgía más reclutar sangre fresca dispuesta a oponerse al clima revolucionario predominante a mediados del siglo pasado. Y aquí comienza otra manifestación del malabarismo típicamente franquista, al apoyarse incluso en grupos fascistas que buscaban la abolición del capitalismo, pero canalizando sus fuerzas justamente para la perpetuación de este. Obra maestra de habilidad política que sería una de las principales enseñanzas que el franquismo legaría a sus discípulos iberoamericanos cuando la Cruzada prendiese en las mentes militares de este lado del Atlántico.




IV "HARÉ FUSILAR A MEDIA ESPAÑA SI ES PRECISO”

Sabido es que tras el levantamiento militar y la rápida respuesta de las fuerzas populares, el territorio español quedó dividido de hecho en dos países. Así comenzó la guerra, con un empate técnico. Pero si la mayoría de la población estaba con la república, la mayoría de los militares estaban con los golpistas, y si el apoyo moral de casi todo el mundo occidental se inclinaba por el gobierno legítimo, los pocos aliados internacionales de los rebeldes no se quedaban en declaraciones y proclamas; rápidamente los gobiernos dictatoriales de Italia y Alemania hicieron llegar su ayuda concreta y abundante. Esta es una secuencia reiterada en la edad contemporánea, la de la izquierda perdiendo el tiempo en ceremonias y fraseología mientras la derecha prepara y lanza su zarpazo. Así y todo, Franco supo muy hábilmente marear con indecisiones a los histriónicos caudillos del Eje, dejarlos inflarse y sucumbir, mientras él, un escueto general que comenzaba el día oyendo misa, rió último, gobernó a tres generaciones, y murió de viejo con las botas puestas sin soltar realmente el poder.
¿Cómo lo hizo? De la forma que hemos delineado más arriba, sin excluir la necesaria dosis de fortuna que hizo morir en sendos accidentes de aviación a los cabecillas del golpe en hora temprana. También se las arregló para ser fascista en la hora del fascismo, cuando proclamaba "Hay que sembrar el terror…hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros"... lección esta aprendida y aplicada de memoria por los dictadorcillos iberoamericanos poco después. “Cruzado de Occidente”, “Príncipe de los Ejércitos”, “Mejor Estratega del Siglo”, fueron algunos de los títulos con que se adornó y fue adornado en esa etapa.
Sin duda soñó y proyectó su porción de mundo a principios de los años cuarenta, pero no debe haber creído nunca en el "Nacional Sindicalismo" preconizado por la Falange, como no creía nada que saliera de la boca de un intelectual, ya que Franco era ante todo un guerrero medieval cuya espada estaba al servicio de los dueños de los medios de producción, y la palabra revolución le provocaba nauseas sobretodo porque cuestionaba la esencia inmutable del ideario del "Caudillo", es decir la ciega creencia de que el orden capitalista es un orden sagrado, sancionado por Dios mismo, y bendecido por la jerarquía católica; esa jerarquía católica que redactó una carta pastoral a la medida declarando la Guerra Civil como "Guerra Santa".




V CIRUGÍA MAYOR

Pragmático y hermético, recién en los años cincuenta el franquismo reconoció su verdadera vocación, desplazando a los elementos abiertamente fascistas, y reemplazándolos por tecnócratas menos vociferantes pero mucho más eficaces a la hora de consolidar el credo capitalista-católico que hoy campea a sus anchas en buena parte de nuestro mundo. Muchos de estos maestros del poder fáctico militan en el Opus Dei, hoy por hoy una de las sectas de mayor crecimiento en América Latina, demostrando que la mano de Franco ahí está, sólida y vigente mientras no se articule otro poder de equiparable astucia y convicción.
Hay que decirlo, Franco ganó una guerra, una guerra de verdad: tanques contra tanques, aviones contra aviones, largas campañas enterrado en el fango, enfrentando a unas fuerzas republicanas que si bien nunca pudieron disciplinarse debidamente para enfrentar a ejércitos regulares, dieron muestras de un heroísmo y abnegación que quedaron grabados para siempre en el folklore y en la memoria no sólo de España y los países hispánicos, sino también en cada rincón del planeta del que salió un voluntario para ir a luchar por la II República. Algo que no pueden decir los generales que coordinaron la seguidilla de golpes de estado que transformó a casi toda América Latina en una larga y ancha dictadura militar. Los generales latinoamericanos- salvo los brasileiros que lucharon en Europa- sólo vieron la guerra en televisión, en el cine, en sus textos de estudio y en su afiebrada imaginación. Pero aprendieron muy bien las lecciones de papá Franco, sobretodo las más fáciles como aterrorizar al pueblo, fingir autonomía a pesar de su flagrante condición de guardianes de la clase dominante, sumisión psicológica ante los países de la O.T.A.N., y una falsa austeridad desmentida por el innegable enriquecimiento patrimonial y económico de la alta oficialidad en todo país que cayó en la trampa de una dictadura. Franco mismo multiplicó varias veces su fortuna durante su largo gobierno, y –el sueño de todo militar arribista- casó a su única hija con un marqués. Porque hay que admitir que las fuerzas armadas, asumidas como perros guardianes del castillo, cobraron –y caro- por sus servicios, llevándose senda tajada en propiedades, autoasignaciones, negocios turbios, y un anhelado reposicionamiento social levemente por sobre la clase media. Esta mezcla de arribismo y sentido feudal de la sociedad tuvo su corolario cuando Franco, resignándose al cambio de los tiempos y cuando la palabra totalitario ya no sonaba bien, sólo se dignó a traspasar el cetro al único ser humano que consideraba superior: el futuro Rey Juan Carlos de Borbón.
Para dimensionar debidamente la Guerra Civil Española bastaría con recordar que dio lugar a la última migración masiva de españoles hacia Hispanoamérica; sin embargo sus ecos van mucho más allá. La cirugía mayor operada por Franco y su entorno transformó tanto a los vencedores como a los vencidos. Entre los primeros, les devolvió a los poseedores del capital la sensación de que sus privilegios son indiscutibles, liberándolos de la sensación de Final-de-Era que a muchos hizo creer que realmente el socialismo había llegado y que más valía resignarse y colaborar. Con su aplanadora anti-disidencia, les dio tiempo a los leguleyos de la oligarquía para elaborar cuerpos jurídicos a la medida, permitiendo que el capitalismo actual resulte literalmente oleado y sacramentado. Admitido o no, todo dictador sueña con morir en el poder y terminar diciendo que sólo responderá “Ante Dios y la Historia”, y aunque su Nacional-Catolicismo ha debido aceptar la coexistencia con otras castas más briosas y menos contradictorias (como, por ejemplo, los evangélicos), sus imitadores en América, llámense videlas, stroessneres, médicis, pinochetes o bánzeres, han debido creerse pequeños franquitos en miniatura, ya que, al final de cuentas, el modelo franquista calzó mucho mejor en esta Latinoamérica feudal por idiosincrasia, y no en la España en que nació, ya que esta debió modernizarse sí o sí como condición para su acercamiento y ulterior ingreso a la Comunidad Europea.
Con respecto a los vencidos, basta con observar con objetividad para reconocer cómo el consumismo ha desplazado del corazón del pueblo toda prioridad comunitaria, así como el sentido de clase y la preocupación por el entorno. Ni hablar de los animales y el medio ambiente, que sólo quitan el sueño a unos cuantos excéntricos, locos u otros afortunados, mientras los temas del ámbito lúdico-evasivo (fútbol, realitys, astrología, farándula, ufología, misticismo instantáneo y otros) ganan continuamente espacios al grado de contaminar todo cuanto tocan.
Hoy, las pseudodemocracias paridas tras el terror hacen agua por todos lados. Los brotes de organización política que consiguen despuntar al margen de los partidos son sistemáticamente menospreciados, la delincuencia crece como parte constitutiva del engranaje consumista, mientras la clase política vive preocupada del ángulo de sus sonrisas, sus propios sueldos, sus capacitaciones turísticas, y de que sus corbatas hagan juego con sus camisas.
Si vivimos hoy en un mundo reaccionario, es en gran medida por lo sucedido tras el triunfo franquista hace ya varias décadas. El interregno entre el 39 y nuestro tiempo pudo perfectamente haber sido una ilusión.



Marcelo Olivares Keyer
olivareskeyer@gmail.com

lunes, 7 de marzo de 2011

ESTACIÓN YRIGOYEN o el Libro Maldito




I EL ESPEJISMO

La ciudad sedujo al hombre desde que el clan recolector, en su cotidiano desplazamiento, se encontró de manos a boca con un grupo de congéneres que habían optado por permanecer en el mismo sitio produciendo sus propios alimentos y almacenando el excedente. La relativa abundancia en el granero, y sobretodo los sofisticados artilugios que los sedentarios habían elaborado con su mayor disponibilidad de tiempo, dejaron atónitos a los nómades, quienes desde ese instante cuestionaron sus propias vidas y anhelaron la que creían ver en otros. Entonces, la ciudad fue desde su inicio el objeto del deseo y el territorio de la ilusión. Este amasijo de ilusión y deseo, carnada infalible a través de miles de años, jamás dejó de funcionar, y mientras el incipiente caserío se transformaba en colosal laberinto, las oleadas de nuevos ocupantes, movidos por el ansia incontrarrestable de “ser otro”, desbordaron los naturales límites de la colmena u hormiguero humano, dando lugar a uno de los más singulares fenómenos producidos por nuestra creativa especie, ese fenómeno de ambigua valoración llamado marginalidad. Así, el insecto social no contenido por red solidaria alguna, deambula a tientas por el entramado urbano, guarida supuestamente colectiva, que por arte y magia de un desarrollo fallido (léase sub-desarrollo), ha perdido su capacidad de contener al hombre que sufre, limitándose tan sólo a desplegar sus veredas y paredes como precario hábitat pero inmejorable soporte para un eventual asomo de expresión.
En nuestro querido mundo subdesarrollado, muchos espacios públicos, más temprano que tarde, derivan en espacios abandonados y por lo tanto disponibles para todo uso. Urgencia fisiológica, transacción narcótica, improvisado motel o expresión artística, todo cabe en el espacio perdido para el sistema pero conquistado por los hados de lo incierto.
Porque nuestro subdesarrollo no ha impedido el crecimiento desmesurado de la ciudades, más bien parece alimentarlo; no hay cortapisas para el arribo infinito de nuevos habitantes con su fardo de sueños que más temprano que tarde se transformarán en frustración, cuando la estrella imaginaria que los trajo enganchados se apague, dejándolos solos, reptando por los turbios pasillos de la urbe que los engañó. Esos pasillos no aptos para la fotografía turística, en los que el declive de la sociedad ha posibilitado la misteriosa sedimentación de antagónicos elementos, el matrimonio inesperado entre belleza y sordidez.

II LA REALIDAD COMO MOLDE

A principios del 2001 la artista visual bonaerense Mariana Pellejero (Lomas de Zamora, 1974) embadurnó con tinta de grabado las ajadas paredes de la estación de trenes HipólitoYrigoyen con el objeto de extraer “la belleza desde donde aparentemente no está”. La inusual estrategia fue mucho más allá del habitual registro fotográfico común en las antologías de graffiti. Mariana Pellejero utilizó la realidad misma como molde, al traspasar directamente el anónimo dibujo inciso en el estuco hacia el papel en blanco. Conquistada por su propio hallazgo, la artista modificó su inicial objetivo de servirse de esos dibujos sólo como parte de sus futuras creaciones y, rendida ante la belleza de esa imaginería, optó por dejarlas tal cual, intocadas e inmejorables “formas en sí mismas”.
Alejada de los tinglados turísticos cazabobos (del tipo parejita bailando pseudotango para la cámara del viajero), la estación Yrigoyen forma parte de ese extenso entramado de ferrocarriles en el que millones de bonaerenses sin disfraz se desplazan a diario. Muy cerca del nada glamoroso Riachuelo, y en la frontera entre “Capital” y el “Gran Buenos Aires”, la estación Yrigoyen dormita en medio de un barrio alguna vez febril, hoy en día de onírica y apocalíptica estampa, con sus callejones desiertos, en donde los papeles rasgados vuelan como bandadas de aves mutantes huyendo al paso del solitario transeúnte, y en donde las maltratadas paredes, cual páginas de un libro maldito, guardan un incómodo mensaje que puede resultar peligroso sondear.
Pero ahí está el (la) artista para meter sus manos en el fango, porque el arte consiste no sólo en esgrimir las personales obsesiones y enrostrar al espectador lo hallado en la trastienda del ser; consiste también en recolectar en el hábitat cotidiano aquello que el artista considera relevante, aquello que importa reconsiderar. Suerte de apropiación que entraña sincero homenaje y urgente reivindicación.


III UN ARTE PARA EL LABERINTO

De aquel buceo de Mariana Pellejero en la “caverna” Yrigoyen, la propia artista seleccionó una treintena de grabados en los que es altamente recomendable detenerse por un largo instante. Ahí está el mundo profetizado hace medio siglo por Marshall Mc Luhan (seguramente el único filósofo que ha dado en el clavo alguna vez), ahí están los signos trazados por el hombre eternamente primitivo, a pesar de la ropa y la hipocresía inherente a la vida en civilización. ¿Un arte hecho para la multitud, para los ojos agotados de la multitud, para la mirada hastiada del pasajero apretujado en el hormiguero humano? ¿o un lenguaje cifrado en clave sólo comprensible para los demás miembros de la proscrita tribu?. Como las huellas de dos etnias que comparten un lugar de paso, en las paredes del laberinto coexisten ambos lenguajes: El mensaje compulsivo del hombre que se ahoga en la muchedumbre, y el más estudiado y esperable código carcelario con sus señalizaciones, advertencias y pavoneos. Este segundo ámbito comprende una amplia gama de armas blancas (era que no), espadas de todo tipo, verdadera panoplia anhelada por todo asaltante al estilo arcaico (hoy en día cuesta más barata una pistola) o aspirante a serlo, y también enigmáticos conjuntos de puntos que a primera vista parecen las caras de un dado, pero en los que el ojo iniciado sabe ver a cuatro forajidos dando muerte a un policía que es el punto del medio. Todo un mundo en sí, este lenguaje, así como todo el universo delictual, desde hace un buen rato encontró su lugar en el arte y en los medios, principalmente en el cine; es por eso que nos detendremos un poco más en ese otro conjunto de imágenes, aquellas cuyo origen y sentido resulta más impreciso, más nebuloso, aquellas que brotan del ciudadano fallido que, al no pertenecer a clan alguno, se dirige a la pared.

IV EL SUEÑO DE LA RAZÓN

Antes que todo, ¿qué hace al transeúnte transformarse en generador de un signo visual? En mi opinión, el habitante-transeúnte, abrumado por la complejidad del nacer y ser en la agobiante palestra de la sociedad, decide, gracias a mecanismos que apenas él mismo comprende, enviar un mensaje más o menos cifrado a un destinatario que, en rigor, se encuentra fragmentado en los miles de ojos cuyas miradas resbalarán por el escenario urbano sin reparar concientemente en los signos que le salieron al paso. Pero el mensaje (dibujo, palabrota, o simple incisión) está ahí, producto de un arrebato controlado y posibilitado por la impunidad de la ciudad desprotegida. Y permanece ahí, a pesar del brochazo en blanco que pueda caerle encima por disposición municipal. Luego, el improvisado y fugaz “artista”, regresa a la deriva, reabsorbido por esa estampida de la que apenas pudo escapar el instante justo como para dejar un rastro en la pared. Así, el arte espontáneo de las paredes es en sí una alegoría del arte en general, en tanto esfuerzo por fijar un momento específico en la tormenta sin fin de la eternidad. Y he aquí lo maravilloso, cuando este arte rupestre post-industrial, que nace como atentado a la pulcritud y/o como simple bravuconada de un chico malcriado, deja atrás su espurio origen y alcanza, por una especie de dinámica autónoma de las formas por sí mismas, el rango de signo que ha de ser recogido, alcanzando, en definitiva, el status de obra de arte.
¿Cómo no conmoverse, por ejemplo, con ese diablejo cuyo corazón se transparenta en su tórax, y cuya cabeza ostenta aureola de santo? ¿Cuántos artistas de renombre consiguieron tal síntesis y con tal economía de medios? ¿O cómo no quedar al menos pensativo ante esas figuras yacentes, heridas o agonizantes? De alguna manera, en esas figuras sin fondo, en esos sujetos sin predicado, se filtra, en arquetípica impronta, el calvario de la humanidad entendida como unidad, igualmente estafada en cada rincón del planeta en el que las cuentas de vidrio del espejismo urbano compraron sin retorno la libertad del hombre “primitivo”.
A pesar de la obvia escatología, del erotismo procaz, y de otros lugares comunes que invaden también (¿cómo no?) este arte rupestre de la edad del plástico, puede ser un buen ejercicio el reparar en ese signo que a todas luces busca ir un poco más allá del escupitajo espontáneo. Gesto que, si bien no alcanza a los cimientos de la ciudad, sí alcanza -y remece- los recónditos cimientos de la psique humana. Y no me estoy refiriendo al graffiti multicolorido y circense encontrable hoy por hoy en toda ciudad que aspire al título de (post)moderna. El Arte con mayúscula que nos concita es ese otro, para el cual el color no importa porque simplemente no existe; Arte casi secreto, habitualmente denostado o confinado al ámbito de la psicopatología. Un Arte que brota sin plan previo -al menos en el terreno de lo consciente-, y que subsiste amparado en su bajo perfil y en su ausencia de pretensiones, al ir contra la corriente y despreciar, en nuestras propias narices, la autocelebrada cultura. Un Arte que nos recuerda, por si no nos habíamos dado cuenta, que la cultura está cansada y quizás sólo sobreviva en las sombras.


V LAS SOMBRAS

El nunca resuelto debate entre los historiadores del arte con respecto a si este fue primero naturalista o simbólico, se resuelve en el arte mismo, ya que toda figura trazada es lo que es, primero que todo, pero al mismo tiempo está relacionada con todo lo que nuestra mente la llegue a relacionar. La angustia y el misticismo recorren cada fibra de nuestro ser, no hay vuelta que darle, el arte de las cavernas nos acompaña desde antes de la invención de la memoria. Y si ninguna de estas disquisiciones pasó jamás por la cabeza del tunante que dibujó una cruz en un sórdido muro de estación -quizás sólo para paladear el irresistible sabor del pecado- junto a una posa cuyo líquido preferimos ni pensar de donde escurrió, resulta indudable que un soplo divino pasó por esa mano irreverente que muy a pesar de sí misma se detuvo un instante en el tráfago cotidiano y, presa de una irrefrenable “libertad en la fatalidad”(Maeterlinck) trazó los mismos signos que otros esbozaron a través de los siglos.
Resulta asaz significativo que la recolección (Pellejero prefiere la palabra apropiación) de esta serie, haya sido realizada apenas unos meses antes del descalabro que acompañó al derrumbe del gobierno del presidente Fernando de la Rua, dejando en claro que la violencia subyace como uno de los motores de la vida en su totalidad, y es anterior a circunstanciales brotes de violencia callejera (tan del gusto del periodismo). Un rostro que asoma torpemente dibujado, una rúbrica al pie de un espacio en blanco, son mensajes, admitámoslo o no, y tengamos o no tiempo para dedicarles. Después de todo, la multitud no deja (ni dejará) de crecer, moverse y desplazarse. Los trenes no dejan de irrigar humanos-hormigas hacia todos los rincones del nido colectivo, y Mariana Pellejero, transcurrida ya casi una década desde su encuentro con los muros de Estación Yrigoyen, continúa hoy rastreando huellas, su variedad, su belleza, su lenguaje.



MARCELO OLIVARES KEYER olivareskeyer@gmail.com




viernes, 26 de noviembre de 2010

REQUIEM POR CAZUZA



I. GENEALOGÍAS, IDENTIDAD Y OTRAS MACANAS.

El desarrollo del mercado discográfico en cualquier sociedad es un arma de múltiples filos. Si por una parte viene muy bien a los creadores la instalación de una maquinaria eficiente de registro y difusión, más aún cuando esta difusión adquiere dimensiones de industria y la música de esta sociedad comienza a recorrer el mundo y captar adeptos en cada rincón del planeta, no es menos cierto que esta misma maquinaria, una vez globalizada y entregada a los mecanismos del mercado, comienza a repetirse. Es decir, aquello que prendió en el gusto masivo más allá de las fronteras nacionales, por la lógica de la ganancia económica termina siendo lo único que las compañías grabadoras se atreven a exportar. Conceptos majaderos y relativos, del tipo “identidad” o “lo que la gente quiere”, terminan por anquilosar la oferta, transformando la original intensión de difusión en una mera fábrica de ladrillos. Es el precio inevitable, se podría decir; como inevitable parece ser también la instalación de grupos que, de diversas formas, unas justas y otras no, acaparan la representatividad del folklore (otra palabra complicada) local. Así, odiosas dinastías artísticas fundadas por talentos genuinos, al cabo de una o dos generaciones dan paso a insufribles y ubicuos descendientes, esgrimidores permanentes del apellido del abuelo o la bisabuela genia.
Brasil no es la excepción, desde que a mediados del siglo pasado la bossa nova y - ligado a la imaginería turística- el samba ( tan famoso como incomprendido) se grabasen con tinta indeleble en el mural latinoamericano. A partir de aquel periodo fundacional, los apellidos de los próceres no dejaron de secretar hijos, nietos y bisnietos intrascendentes, y, lo realmente lamentable, las ciclópeas compuertas que debieron abrir paso al torrente del vastísimo acervo musical brasileiro, se cerraron al parecer para siempre.
Sin embargo, la realidad es siempre más grande que cualquier camisa de fuerza con que se la pretenda caricaturizar.

II. EN LA ENCRUCIJADA DE LOS TIEMPOS

Latinoamérica se encontraba a principios de los ochenta en la encrucijada de los tiempos. Limitándonos a la música popular, y más específicamente al rock-pop, todavía campeaban aires clásicos, aunque los riffs bluseros, los cabellos largos y la explosión a lo Deep Purple tenían sus días contados. Sin embargo, en un barrio de clase media de Rio de Janeiro, cuatro chicos sólo querían rocanrolear, hacer ruido, tomar cerveza, en fin, pasarlo bien. Pero había un problema: ninguno cantaba y por más que probaban posibles vocalistas ninguno los convencía.
Pero detengámonos un poco en esta parte de la historia. Estamos hablando de Rio de Janeiro, la ciudad, la metrópolis, la megalópolis. Simplemente, Rio. Tal vez la más potente y completa de la larga lista de grandes ciudades latinoamericanas. Rio lo tiene todo. Ciudad de rascacielos que brotaron en un entorno paradisíaco de cerros verdes cuyas cimas apuntan en todas direcciones, ciudad de profunda y señorial cultura lusitana, foco de inmigración multicultural, la más ostentosa riqueza junto al más patético desamparo. Un caldo urbano de infinitas ramificaciones que en los años cincuenta había dado al mundo ese samba en voz baja llamado bossa-nova, cuyas letras hablaban de bares a la orilla de la playa, de tranquilas noches a la luz de la luna, de belleza, disfrute y ensoñaciones, en fin, otros tiempos.
A principios de los ochenta esa poética estaba rotundamente caduca, los bares se habían transformado en nidos de soplones, la noche había amparado al terrorismo de estado, y el mar había devenido en improvisado mausoleo en el que arrojar prisioneros y ejecutados políticos. Así, la bossa-nova, desprovista de contexto, ya nada podía aportar.
Sin embargo toda época se las arregla para dar vida a un alma que, envuelta en un cuerpo, leerá acertadamente los tiempos y cantará la nueva realidad. Un alma y un cuerpo que filtrará la ciudad hasta destilar su más letal pócima. Lo que se dice, un poeta.
Y bueno, volviendo a los chicos de clase media que intentaban rockear, un día apareció un nuevo candidato a vocalista. Era un tanto mayor que los integrantes de la banda, lo suficiente como para admirar a Janis Joplin, y aunque su voz no era nada del otro mundo, el tipo irradiaba una energía y una seguridad que no dejaron lugar a dudas, la banda ya estaba lista. El nuevo integrante se llamaba Agenor de Miranda Araujo Neto, pero le decían Cazuza.








III. EL GAROTO DE IPANEMA

Desde adolescente Agenor vivía pegado a la máquina de escribir, pero, claro, la inevitable búsqueda de todo artista en ciernes lo había paseado por otras disciplinas, incluyendo la disciplina de los excesos, y un cierto ascenso social de sus padres -unido a su condición de hijo único- le había permitido hacer lo que se le viniera en gana, sobretodo explorar cada rincón, cada bar y cada azotea de ese suburbio de Rio conocido mundialmente como Ipanema, en cuyas playas de Leblón y Arpoador, el poeta sería revelado, literalmente iluminado por el resplandor del océano Atlántico reflejado en los amplios ventanales.
La banda que resultó de la unión del indomable hijo único con los cuatro mozalbetes se llamó Barao Vermelho (“Barón Rojo”), “Barón por elegante, y rojo por socialista” diría después Cazuza. No fue una súper banda ni nada por el estilo, cultivaron eso sí un híbrido a medias rocanrolero, a medias livianamente pop, con pasajes que a veces -sobretodo por su entrega- hacen recordar, salvando todas las distancias, a los New York Dolls (aquel grupo bisagra entre el rock clásico y el punk-rock). La hibridez de Barao Vermelho incluía también, por supuesto, cierto dejo new wave, e impregnado con esta nueva sonoridad fue que lograron meter en las radioemisoras su primer hit Todo Amor Que Houver Nessa Vida. Corría 1982, y salía a la venta el primero de los tres álbumes que Barao alcanzaría a dar a luz entre l982 y l984, antes de la necesaria separación. A partir de ahí, Barao Vermelho seguiría por un lado, y -lo realmente importante- Cazuza por otro.

IV. EL VERDADERO FOLKLORE

Han pasado exactamente veinte años desde que en 1990 falleció Cazuza en medio del revuelo mediático, y eso que había irrumpido en el ruedo de la fama tan sólo ocho años antes. Sus canciones, al par que representar a su generación, fueron rápidamente grabadas por los dinosaurios de la canción brasileira a pesar de que apenas alcanzó a sobrepasar los treinta años de edad. En sus versos respira Rio de Janeiro, pero al mismo tiempo respira toda ciudad con su decadencia y su brillo. En sus estrofas está la calle, con sus latas de cerveza vacías rodando sobre el asfalto, y está el alma humana, con su
vacío eternamente llenándose y vaciándose. Porque Cazuza es el más carioca de los músicos pop y viceversa, al cantar tanto la noche como la resaca, y al soportar sobre los hombros de su creatividad todo el peso de la megalópolis. Con sus frases rotundas ilustró al sujeto y su circunstancia en testamentos de tres minutos de duración. A pesar de haber habitado la noche, en su poesía no hay nada sombrío, parece como si las mortecinas luces de la gran ciudad le hubiesen bastado para pintar en pocos trazos el retrato hiperrealista de su Rio de Janeiro querido sin caer en fantasmagorías de adolescente, ni en la anodina por estandarizada crítica social. Cazuza fue un médium a través del que se manifestó el más verdadero folklore, el folklore vivo del presente, sin efemérides ni tenida oficial, el folklore de la megalópolis cuyos rascacielos atraviesan las nubes y cuyas catacumbas no sabemos muy bien hasta donde pueden llegar. Callejeó en aquellos extraños días de finales de dictadura (¿se acuerdan?), esos días en que la palabra futuro perdió su razón de ser mientras los artífices del poder sellaban su pacto secreto a espaldas de los pueblos.

V. ADIOS CAZUZA

Cazuza explotó, y quizás no quedará nada de él, pero antes fue capaz de, en medio de la derrota, señalarnos el pequeño gran triunfo aun posible: el triunfo de la experiencia personal, el triunfo de la vida vivida y bebida hasta la agonía, señalando de paso el camino a otros cantautores que, como Miguel Abuelo o Charly García, también cantaron y cantan a la vida sin adornos. Era un letrista empedernido, vaciando versos a pedido sobre melodías ya hechas, o entregando poemas a sus amigos para que estos los musicalizasen. Todo el mundo quería estar cerca de él al final, parecía un gurú (un gurú con SIDA), y él seguía escribiendo y grabando, ya hecho un esqueleto viviente y con la voz ya casi apagada. ¿Qué queda de Cazuza? Muy poco. No hubiese calzado en estos tiempos de glamorosas protestas on line, en estos tiempos cagones. Cruzó a toda velocidad de un lado a otro de la agonía casi sin darnos tiempo para comprenderlo. No era un compositor de himnos ni letras engrupidoras, y sus frases lapidarias no se prestan para el ensueño juvenil. Más allá de sus geniales e intraducibles juegos de palabras, escribió con frase rápida, espontánea, canciones que van directo al hueso, para que todo quede bien claro, canciones que rayan la cancha, sin tiempo para la larga reflexión. Y lo hacía parecer fácil, como si las vivencias, o más bien su traducción en versos, llevasen en su génesis el propósito de quedar grabadas. Creía en el presente, en la noche, en las veredas, en los jeans gastados, en las drogas. Ya lo dijo una vez: “Mis héroes murieron de sobredosis, mis enemigos están en el poder”.



Marcelo Olivares Keyer
olivareskeyer@gmail.com

miércoles, 15 de julio de 2009

HABLA EL MUDO



HABLA EL MUDO
(Palabras De Carlitos Gardel)

Habla Carlos Gardel…Queridos amigos de la América Latina, de mi tierra y de mi raza…La casa Víctor quiere que les anuncie la firma reciente de mi contrato de exclusividad con ella y yo lo hago muy gustoso, porque sé que nuestras grabaciones serán cada vez más perfectas y encontrarán en ustedes oyentes cordiales e interesados…
¿Cómo ingresó en el teatro?
Desde muy joven en las reuniones y fiestas acostumbraba a cantar; todas las personas me escuchaban con agrado y algunos de mis amigos, en vista de mi afición por la música y las cualidades que poseía para aprender este arte, me entusiasmaron para que estudiara e ingresara en el teatro. La magnífica acogida que me dispensó el público de Buenos Aires a raíz de mis primeros pasos en la senda artística, fue para mí un incentivo poderoso que me indujo a visitar la Ciudad Luz. Fue en París donde, merced al trabajo cotidiano con brillantes figuras del arte y de las letras, mi espíritu aquilató su sensibilidad, logrando obtener triunfos resonantes en la ópera y participar en varias revistas que se presentaban en los primeros teatros y cantar en los mejores cabarets. En esa época, en unión de un amigo, montamos un lujoso cabaret que en breve se tornó en centro predilecto de los millonarios, mereciendo también ser visitado por los nobles de Europa y por muchos príncipes de Oriente. Quizás, la razón oculta de mis victorias se halle en el apasionamiento profundo por todo lo latino que me lleva a concentrar como a través de una lente todos los lances de mi alma en el ritmo de mis tangos y en el sentido de mis canciones. Posteriormente, resolví aceptar las propuestas que se me hacían para que ingresara en el cine y, en los estudios Joinville, filmé mi primera película Luces de Buenos Aires.




Con harta frecuencia se me pregunta cómo me arreglo, o qué rutina sigo para componer tangos y, en verdad la situación, de los motivos que impulsan la acción; de ello deduzco el grado de sentimiento o de alegría que debe inspirar la canción, y sin pensar en palabras empiezo a tararear hasta que doy con la melodía que juzgo apropiada para la ocasión. Entonces llamo a mi simpático amigo Alfredo Le Pera, el autor de todas mis películas, y con su ayuda y la del pianista, poco a poco empiezo a componer; a veces ello nos toma una hora, dos…y en algunas ocasiones la falta de inspiración nos obliga a suspender el esfuerzo para reanudarlo al día siguiente. No cabe duda de que yo tengo una ventaja sobre los otros compositores en vista de que yo compongo las canciones para mí, pues los otros lo hacen para Bing Crosby, José Mujica, Ramón Navarro, etc., y es evidente que la tarea de ellos tiene que ser más difícil que la mía.
¿Cuál fue su primer amor?
He amado muchas veces en mi vida y conservo de ello gratísimos recuerdos, como que en casi todos mis amores he sido feliz. En ellos he querido de diferente manera, según el temperamento de la chica, las circunstancias y el ambiente. Sin embargo, cada vez que me enamoro creo que es ésta la única ocasión en que verdaderamente he querido.
¿Qué aventura dejó mas honda huella en su vida?
Debido a mis múltiples viajes y a los azares de mi carrera, numerosísimas han sido mis aventuras y en ellas he experimentado tantas sensaciones intensas que me es imposible definir cuál de ellas ha llegado a impresionarme más.
¿Cuál es le tipo de mujer que prefiere?
Prefiero las latinas, indudablemente, por ser de mi misma raza y por lo tanto comprender más mi temperamento, pero todas las mujeres son atractivas, inteligentes y me agradan. No obstante las mujeres sajonas, que tienen fama de frías y calculadoras, cuando encuentran un hombre que las enamora y comprende, son tan sensibles y apasionadas como las latinas y por lo tanto, también me seducen.
¿Le gusta el romanticismo?
El romanticismo es necesario para idealizar la vida, para embellecerla, pero mi romanticismo siempre está ceñido a la realidad y a la oportunidad, es decir, que soy idealista cuando debo serlo, mas sin extralimitarme nunca.
¿Es usted partidario del divorcio?
Debido a mi carrera no soy partidario del matrimonio…
¿Cómo le parece el ambiente de Hollywood?
Aunque no lo conozco, en Nueva York trabé amistad con muchos de los que allí viven y por ello me di cuenta que es un ambiente alegre y original, por ser ésta una ciudad completamente cosmopolita.
¿Cuál es su tango favorito?
He cantado tantos tangos y he puesto toda mi alma en ellos que todos me han gustado igualmente.




Cuando necesito de paz, de tranquilidad, de sosiego…, cuando muchos copetines y muchas farras me han cansado, vengo a ver a mi viejecita y a su lado recobro fuerzas…Y es que en Buenos Aires, che, las cosas son duras para un tipo que sabe que la vida es corta y que un día perdido no vuelve más…Y aparte de todo eso ¡qué amigo ni amores, ni copetines, ni gloria, ni triunfos , ni burros, ni nada por el estilo, al lado de una madre!...El más modesto pucherete hecho por sus manos vale más y es más sabroso que el más caro de los platos del mejor de los hoteles del mundo…Son muy agradables los aplausos del público…,pero, ¿de qué valen al lado de un “has cantado muy bien”, de la viejecita? El ansia de viajar puede más que todo…A los pocos meses de estar en Buenos Aires, tengo unas ganas irresistibles de marcharme…Del mismo modo, cuando falto de la ciudad bruja, no sé qué me ocurre…Parezco un vagabundo, que no estuviera conforme con su destino. Buenos Aires es muy linda, che…Su Corrientes y Esmeralda tiene un encanto indefinible y poderoso que nos ata un lazo de acero…pero cuando se ha conocido París, cuando se ha visto lo que es la Costa Azul, cuando se ha gustado los aplausos de reyes, no satisface del todo…No es que me disguste ni mucho menos…Pero cansa…¡Es terriblemente monótona nuestra ciudad! Y la culpa es de los mismos argentinos, emperrados en una seriedad funeraria…aquí la gente se ríe, con vergüenza, pidiendo perdón por el abuso…En Europa, en cambio, todos son más dados, no hay tanto estiramiento…Se divierten todos mejor allí…Pero Buenos Aires está muy adentrada en mi corazón y si estas mismas palabras de reproche las escuchara en el extranjero, me sabrían a herejía...¡Haría un zafarrancho con quien así se expresase!
A quien aplaude el público no es a Carlos Gardel, es el arte popular nuestro que, por una casualidad feliz, me ha tocado interpretar a mí, lo mismo que hubiera podido hacerlo cualquier otro cantor americano. Yo no soy nadie, es el tango el que triunfa.

lunes, 1 de junio de 2009

Charlie Parker





LA MIRADA DEL REY

(CHARLIE PARKER EN VIVO, POR JACK KEROUAC)

Llegamos al Red Drum, una mesa cubierta de vasos de cerveza (unos cuantos vasos para ser exacto), y todos los chicos que entraban y salían en grupos, pagando un dólar veinticinco en la entrada, con ese tipo bajito de cara de comadreja y ondulaciones de la cadera que vendía las entradas junto a la puerta; Paddy Cordavan que entraba casi flotando como había sido profetizado (un subterráneo alto y corpulento, rubio, con aire de mecánico y de vaquero, que venía del estado de Washington con blue jeans a esta fiesta de la generación loca, toda llena de humo y enloquecida; le grité: “¡Paddy Cordavan!”, y él contestó “Sí” y se acercó); todos sentados juntos, grupos interesantes en varias mesas, Julián, Roxanne (una mujer de veinticinco años que parecía profetizar el futuro estilo norteamericano con el pelo corto casi a la marinera, pero negro, rizado y serpentino, y una cara pálida, anémica de morfinómana; y hoy decimos morfinómano cuando en sus tiempos Dostoievski hubiera dicho ¿qué?, ¿tal vez ascético o santo?, pero no en este caso, la cara pálida y fría de la muchacha fría y azul con su camisa blanca de hombre con los puños desabotonados, así la recuerdo, inclinada hacia adelante charlando con alguien después de haberse abierto paso a través de toda la sala de rodillas, a fuerza de hombros, inclinándose para hablar, con una colilla muy corta de cigarrillo en la mano, y recuerdo la exacta sacudida que le daba en ese momento para hacer caer la ceniza, no una sino varias veces, con uñas largas de dos centímetros, y también ellas eran orientales y serpentinas); grupos de todas clases, y Ross Wallenstein, y la aglomeración, y allá arriba en la tarima Bird Parker con sus ojos solemnes, porque había perdido su anterior popularidad, hacía muy poco de eso, y ahora regresaba a una especie de San Francisco muerto para el bop, aunque acababa de descubrir o le habían hablado del Red Drum, había sabido que los chicos de la grandiosa nueva generación se reunían y aullaban allí, de modo que allí estaba, sobre la tarima, examinándolos con la mirada mientras soplaba sus notas “locas” pero ahora-calculadas, los tambores resonantes, los agudos altísimos; y Adam que para hacerse un favor se retiró prudentemente a eso de las once de la noche para poder irse a la cama y levantarse a trabajar por la mañana, después de una rápida salida con Paddy y conmigo para beber una cerveza de diez centavos, rápidamente, en el bar Pantera, donde Paddy y yo en nuestra primera conversación echamos un pulso en broma; y luego Mardou salió conmigo, con los ojos alegres, entre dos números, también para beber una cerveza, pero ante su insistencia en vez del Pantera en el Mask donde cuestan quince centavos, pero ella tenía algunas monedas y fuimos y empezamos a conversar seriamente y a sentirnos excitados por la cerveza; era por fin el principio.







Volvimos al Red Drum para oír a Bird, el cual, lo vi claramente, miró con curiosidad varias veces a Mardou, y también me miraba a mí, directamente a los ojos, para averiguar si yo era realmente el gran escritor que creía ser, como si conociera mis pensamientos y mis ambiciones o me recordara de otros locales nocturnos y de otras costas, otros Chicagos; no era una mirada de desafío, sino la mirada del rey y fundador de la generación del bop, por lo menos así parecía mientras observaba su auditorio espiando los ojos, los ojos secretos que le vigilaban, y al mismo tiempo soplaba con los labios y ponía en acción sus grandiosos pulmones y sus dedos inmortales, con sus ojos separados, interesados y humanos, el más simpático músico de jazz que se pueda imaginar, y al mismo tiempo, naturalmente, el más grande; observándonos a Mardou y a mí en la infancia de nuestro amor, y probablemente preguntándose por qué, o sabiendo que no podía durar, o viendo cuál de los dos habría de sufrir; y ahora, evidentemente, pero no del todo todavía, eran los ojos de Mardou los que brillaban en mi dirección; salvo una circunstancia, que al volver a casa, terminada la reunión y bebida la cerveza en el Mask, íbamos en el ómnibus de la calle Tercera, tristemente, a través de la noche y las luces pulsantes de neón; repentinamente me incliné sobre ella para gritarle algo y su corazón (en su secreto interior, según confesiones posteriores) dio un salto al percibir la “dulzura de mi aliento” (así dijo) y de pronto casi me amó.

Jack Kerouac, 1951.


martes, 14 de abril de 2009

ADRIANA CALCANHOTO (Señorita Pop)



ADRIANA CALCANHOTO (Señorita Pop)


Si dividimos a los seres humanos, y a los artistas en particular, entre salvajes y cautos, o, si se prefiere, en hot versus cool, bestiales versus sónicos, o simplemente en calientes versus fríos, la cantautora gaúcha Adriana Calcanhoto (Porto Alegre, 1965) transita por la segunda vereda. No podía ser de otra manera viniendo de familia de artistas, lo que significa desayunar escuchando jazz, almorzar con Mozart, y dormirse con la música de alguno del centenar de afamados músicos brasileiros de fusión experimental. Si a esta base le agregamos el guiño de la poesía, con su secuela de sofisticaciones, búsquedas y –al menos aparentes- rupturas, a nadie sorprenderá que antes de cumplir los veinte años la delicada muchacha ya anduviese con su guitarra a cuestas por los bares de la capital del estado balbuceando sus primeras composiciones bajo el cielo estrellado de Rio Grande do Sul.

Su voz a veces nos recuerda la de la también portoalegrense Elis Regina, pero sus intereses son diametralmente opuestos, siendo característica esencial en la obra de Adriana Calcanhoto su anti grandilocuencia, manteniendo -al menos hasta ahora- su tono de trovadora, su apuesta por el susurro.
A fines de los años ochenta las luces de las grandes metrópolis la raptaron, y entre Sao Paulo y Rio de Janeiro optó por esta última, quizás para recorrer las mismas calles en que nació, creció y brilló el poeta Cazuza. ¿Lo conoció personalmente? No lo sé, pero algunos años después por las ondas radiofónicas del país-continente volaba la canción Mais Feliz, fruto de la pluma del gran carioca, en la voz de nuestra heroína.
En el borde mismo de los ochenta (l989), alcanzó a grabar su primer single Devolva-me, y al año siguiente su primer álbum, Enguiso (“Mal de Ojo”, o “Complicación”). Establecida en Rio de Janeiro difícilmente saldrá incólume de esa permanencia en tamaña ciudad, urbe intensa en grado extremo. Sin embargo no creo ser el único en desear que esa absorción no lo sea tanto, que no se diluya en un cosmopolitismo amorfo perdiendo las sutilezas en las que basa su propuesta.
¿Y cuáles son esas sutilezas? En resumidas cuentas, las que permiten imbricar lo sensual y lo intelectual, porque en Adriana Calcanhoto se siente la biblioteca, la voz seductora como de primera cita despliega su rico repertorio de alusiones eruditas en las que los poetas son invocados en permanente sucesión, desde el portugués Mario de Sà Carneiro al paulista Oswald de Andrade, o desde Gertrude Stein al bahiano Waly Salomao, este último figura clave dentro de la escena del Arte Pop en el Brasil. Pero para no quedar confinada al circuito académico o de lecturas poéticas, la muchacha sabe retrucar con versiones de Manu Chao e incorporarse al contingente de colaboradores musicales en la industria de las telenovelas. Se puede decir sin caer en esquematismos que esta señorita capitalina se encuentra -dentro del cuadrilátero de la riquísima música pop brasileira desde la década pasada hasta acá- en el rincón opuesto al de la desfachatada y ultrarockera Cassia Eller. Ante el grito destemplado de la primera, Adriana opone el tono de ruego; ante lo áspero, Adriana opone la suavidad; ante unas tetas al viento enarboladas durante un recital, Adriana opone la lectura de un poema conceptual.

En 1992 publica Senhas, y en 1994 A Fábrica do Poema, este último desbordante de alusiones cultas, lo que lo vuelve quizás inaccesible para quienes alimentan su orejas sólo con lo que ofrecen las radios, pero delicioso para quienes optan por indagar más allá del dial. A partir de ese momento su periplo se amplía, presentándose en Argentina, U.S.A., y por supuesto Portugal. En 1998 publica Maritmo. Versátil, Adriana encuentra inspiración no solamente en el abismo de los libros y en la extensión de estos que son las películas; como buena trovadora, alimenta su producción con sus propios avatares; de ahí que a pesar de su natural evolución artística nunca pierde el aire de estudiante gaúcha invadida de cierta melancolía en su “destierro” carioca.
En sus letras (a veces, simples enumeraciones) la frase ingeniosa de chica aplicada calza a la perfección con una postura huidiza, y aunque –mujer al fin y al cabo- el esquema amor/desamor inunda sus textos, sabe esquivar el lugar común intercalando metáforas y naturalismo sobre texturas sonoras aterciopeladas y nocturnas, esgrimiendo un romanticismo nada arrebatador, más bien lúdico y minimalista, en donde los silencios juegan un rol decisivo, y la inevitable solemnidad del declamar es quebrada con algún verso pleno de sentido común.
En este nuevo milenio cuya primera década ya agoniza, lleva publicados los álbumes Cantada (2002), Perfil (2003), Adriana Partimpim (2004) con canciones para niños (vaya demostración de amplitud), y Maré (2008). Además del excelente en vivo Público (2000). Con su tono intimista de sutiles ecos lusitanos ha conseguido establecer su espacio paso a paso, o, podríamos decir, estrofa a estrofa. ¿Cruzará un día el difuso umbral que separa los mercados discográficos lusoparlante y castelhano?. Esperemos a que sí.



Marcelo Olivares Keyer
blusban@yahoo.com

viernes, 6 de febrero de 2009

RAUL SEIXAS O LA BÚSQUEDA DE LO ABSOLUTO



RAUL SEIXAS
O LA BÚSQUEDA DE LO ABSOLUTO

A mediados de los años sesenta había algo en común entre los astros de la MPB (Música Popular Brasileira) que visitaban el nordestino Estado de Bahía: Todos elegían como soporte musical a la banda local The Panthers, pronto rebautizados como OS PANTERAS, liderados por un rocanrolero y al mismo tiempo intelectual muchacho bahiano llamado Raul Seixas.
Raul Santos Seixas había nacido el 22 de junio de 1945 en Salvador de Bahía, en donde quince años después -jopos y contorsiones mediante- fundó el Elvis Rock Club, primera manifestación de un espíritu a la vez mesiánico e individualista, confrontacional y profundamente religioso. Por aquellos años, otro puñado de bahianos, encabezados por el ecléctico Caetano Veloso, se aprestaban a arrebatar a Rio de Janeiro y su Bossa Nova el cetro de la vanguardia fundando el movimiento Tropicalia, verdadera summa de las fusiones musicales de aquellos fértiles años. Pero Raul y sus muchachos iban por otro lado.
En 1967 (¡que año!), aparte de castellanizar su nombre por Raulzito, Raul y sus muchachos consiguen grabar un L.P. de difusión estadual, demasiado poco para RAULZITO E OS PANTERAS. Era necesario emigrar hacia alguna de las dos megalópolis brasileiras, Rio o Sao Paulo, más globalizadas y con una ingente industria discográfica. La oportunidad se las brindó el cantante Jerry Adriani, quien los invitó a establecerse en Rio de Janeiro como su banda estable. En la capital carioca, en 1968, apareció el primer y único álbum de RAULZITO E OS PANTERAS de difusión nacional, el que, si bien despertó algún interés en la prensa, no alcanzó para que Eladio, Mariano, Carleba y Raulzito se independizasen de Jerry Adriani. Desencantados fueron regresando de a uno a Bahía; el último fue Raulzito, quien regresó a sus libros y a soñar con “Escribir un tratado de metafísica, o ser una especie de Jorge Amado, viviendo de mis libros, escribiendo todo el día, con una camisa blanca abierta en el pecho y un cigarrillo en la boca”.




Sin embargo, la inescrutable rueda de la fortuna le permitiría conocer al director del sello CBS, quien le ofreció partir nuevamente a Rio a trabajar. Raulzitó no desaprovechó la oportunidad de adentrarse en el mundo de la producción musical, partió a la ciudad maravillosa, y de paso Raulzito volvió a ser –simplemente- Raul.
En 1971 aparece en las disquerías un L.P. cuya carátula rezaba SOCIEDAD DE LA GRAN-ORDEN CAVERNISTA PRESENTA: SESIÓN DE LAS 10. La “Gran-Orden” eran Sérgio Sampaio, Miriam Batucada, Edy Star y Raul Seixas; patota excéntrica, irreverente e histriónica, cuyo único álbum serviría principalmente como puntapié inicial en el despliegue multifacético de Raul, quien al año siguiente, por los días en que clasificaba dos canciones para el Festival de la Red Globo, conocería a quien sería su yunta por el resto de la década, compañero fundamental en el sagrado negocio del desbordamiento del alma. Ese socio se llamaba Paulo Coelho. Sí, el actual escritor superventas.
Antes de iniciar su carrera solista, y a modo de precalentamiento, Raul edita a principios del 73 el L.P. LOS 24 MAYORES ÉXITOS DE LA ERA DEL ROCK, álbum en el que versiona no sólo a sus ídolos angloparlantes, sino que incluye versiones libres de algunos éxitos lusoparlantes. Ese mismo año de 1973 vería la luz -¡por fin!- el primer largaduración plenamente Raul Seixas: KRIG-HÁ, BANDOLO, con canciones brotadas de la inspirada dupla Seixas-Coelho, destacando los clásicos Oro de Tonto, Mosca en la Sopa, Al Capone , y sobretodo la bellísima Metamorfosis Ambulante, a la vez grito de libertad y declaración de nuestra esencial precariedad. Al año siguiente, Raul y Paulo pasaron unos meses en U.S.A., en donde descubrieron la obra del poeta ocultista Aleister Crowley (ídolo también de Jimmy Page) y proyectaron las directrices del más mesiánico proyecto seixiano, la SOCIEDAD ALTERNATIVA, intento de movimiento para estar a la altura de los tiempos y propiciar la redención humana. En la práctica apenas superó el status de fan-club.




El par de demiurgos brasileiros editaría cuatro álbumes más: GITA (1974), basado en el antiquísimo texto hindú Bhagavad-Gita, con 62 músicos en el estudio, y entregando los clásicos El Tren de las 7 y Sociedad Alternativa, himno este último “más importante que el himno nacional”. O REBU (1974), banda de sonido para la telenovela del mismo nombre. NOVO AEON (1975), como su título lo indica, canciones para una “Nueva Era” o “Nuevo Paradigma”, basada en un real anarquismo, es decir en el derecho de cada ser humano a edificarse y seguir su senda de conocimiento en plena libertad (con las altas dosis de responsabilidad social y disciplina personal que esto implica). NOVA AEON es para muchos el mejor álbum de Raul, el que sintetiza de mejor forma sus búsquedas y descubrimientos (en una palabra, su legado). HACE 10.000 AÑOS ATRÁS (1976), con Raul maquillado de anciano en la carátula, aporta otro hit clave: Yo Nací Hace 10.000 Años Atrás.
En 1977 Coelho da un paso al costado, ocupando su lugar Cláudio Roberto, coautor de las canciones del álbum EL DÍA EN QUE LA TIERRA PARÓ. Simultáneamente Raul lanza otro L.P. de versiones titulado RAUL ROCK SEIXAS, en el que destaca el aporte de su cuñado guitarrista, el estadounidense Gay Vaquer. En 1978 reaparece Coelho para una última obra conjunta, el disco SELVA VIRGEN. En 1979 Raul elige como socio al uruguayo Oscar Rasmussen, resultando el álbum POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS.




El inicio de la nueva (y última) década trae ÁBRETE SÉSAMO (1980), que incluye Rock de la Araña, estrenado ante 180.000 personas en una playa del Estado de Sao Paulo. Seguirían RAUL SEIXAS (1983), con tres canciones censuradas por la agónica Dictadura. METRO LINEA 743 (1984). LET ME SING MY ROCK´N´ROLL (1985), recopilación de viejos retazos. UAH-BAP-LU-BAP-LAH-BEIN-BUM (1987). LA PIEDRA DEL GÉNESIS (1988). Y el último, LA OLLA DEL DIABLO (1989), en colaboración con Marcelo Nova, aparecido pocos días antes del fallecimiento de Raul, ocurrido el 21 de agosto de ese año, a los 10.044 años de edad.
Quiso ser mago, mantuvo la escencia del rock´n´roll a pesar de haber nacido en esa vorágine de ritmos que es Brasil, y fue un rockero ejemplar.




Marcelo Olivares Keyer
blusban@yahoo.com